
Conjunto: “la dolorosa” y “San Juan Apóstol” con crucifijo en bronce de otro artista, en el altar del templo parroquial “Jesús obrero” de Paso de la Arena en Montevideo.
Mateo y Marcos dicen que muchas mujeres que lo habían seguido contemplaban la escena desde lejos, Lucas dice que el pueblo estaba allí mirando y narra la atención de los soldados. Las mujeres que lo habían seguido desde Galilea estaban presenciándolo todo desde lejos. En cambio Juan nos presenta junto a la cruz a las tres Marías, y Jesús entabla un diálogo con Juan y su madre.
Opté por esta escena donde Jesús está más cercano, más presente, me imagino que casi ansioso, porque en el Evangelio de Juan con su muerte Él entrega la vida alcanzando la glorificación. Nos pinta dos personajes centrales: María la elegida, anawim (pobre, resto elegido de Israel), signo de la antigua alianza y Juan amado, elegido y enviado(apóstol), signo de la nueva alianza, del nuevo mandamiento: ámense como Yo los he amado, vivan dando la vida, ese es el amor de Dios.
En nuestro conjunto escultórico Jesús – grandioso – absolutamente abstracto y minimalista es la presencia de la oscuridad de la fe, ausencia absurda, lógica de Dios pobre, impotente: Dios que muere. Las líneas de fuerza en un vértigo ortogonal nos impulsan arriba, abajo y también a los lados, significando a Dios que baja a los infiernos, sube a los cielos y está presente en su Iglesia que brota de su costado; como nuevo Adán de cuyo costado surge la humanidad.
El conjunto adquiere coherencia gracias al ritmo de las verticales – como hemos visto de gran carga simbólica – y dinamismo, por las líneas de tensión inducidas desde las manos de la Virgen y la mirada de San Juan, creando así un volumen que se acerca al espectador signo de Cristo presente en su Palabra e Iglesia cercanas.
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